SÍ HAY OBJETIVOS IMPOSIBLES

Creerse frases como estas pueden llevarte a la frustración y a la desmotivación.

Frase 7

En mi opinión, “SÍ HAY OBJETIVOS IMPOSIBLES”. Este tipo de  frases tan de moda en las redes sociales, no muestran toda la realidad.

Los objetivos para lograrlos tienen que estar conectados con tus capacidades y que sean realistas, no confundirlos con fantasías.

Una herramienta que a mí me resulta muy útil para convertir tu OBJETIVO en META es pasarlo por el filtro SMARTER:

SSpecific – Específico – tu objetivo debe de ser concreto, claro y preciso, no te pierdas  en generalidades. Te recomiendo escribirlo.

MMeasurable – Medible – para saber si vas bien encaminado hacia la meta.

AAchievable – Alcanzable – ambicioso pero realizable, conectado con tus capacidades.

RRealistic – Realista, no imposibles.

TTime Bound – Marcarte un tiempo limitado para alcanzar tu objetivo. Si es a Largo Plazo márcate pequeños objetivos que tienes que ir alcanzando por el camino. Escríbelos y ponles fecha.

EEcological – Ecológico – ¿Pierdes algo si lo alcanzas? ¿Pierde alguien al conseguir tú este objetivo? ¿Algún principio ético es herido? Fundamental, que tu objetivo no sea contrario a tus principios y valores.

RRewarding – ¿Qué Recompensa me voy a dar si alcanzo el objetivo?  Una recompensa que merezca el esfuerzo que te va a suponer llegar a la meta.

Y por supuesto márcate tu objetivo SIEMPRE EN POSITIVO!!!

 “De nada te sirve lamentarte del PASADO, aprende de él, disfruta de tú PRESENTE y pregúntate cómo puedes mejorarlo y qué puedes hacer para crearte un FUTURO mejor”

¿Suerte o Buena Suerte?

Una hermosa tarde de primavera, Víctor, un hombre de aspecto elegante e informal, fue a sentarse al que era su banco preferido del mayor parque de aquella gran ciudad. Asymbol-of-good-luck-1122169__340llí se sentía en paz, aflojaba el nudo de la corbata y apoyaba los pies descalzos sobre una mullida alfombra de tréboles. A Víctor, que tenía sesenta y cuatro años y un pasado lleno de éxitos, le gustaba aquel lugar.

Pero esa tarde sería distinta a otras, algo inesperado estaba a punto de ocurrir.

Se acercaba al mismo banco, con intención de sentarse, otro hombre, también en la sesentena, David. Tenía un andar cansado, tal vez abatido. Se intuía en él a alguien triste, aunque conservaba, a su manera, un cierto aire de dignidad. David lo estaba pasando bastante mal en esos momentos. De hecho, lo había pasado mal durante los últimos años.

David se sentó junto a Víctor y sus miradas se cruzaron. Lo extraño fue que tanto uno como otro, los dos al mismo tiempo, pensaron que un vínculo los unía, algo conocido…muy lejano, pero íntimamente familiar.

-¿Tú eres Víctor?- Preguntó David con precaución

-¿Y tú David?- contestó Víctor, ya seguro de que reconocía en aquella persona a un amigo.

-¡No puede ser!

-¡No me lo creo, después de tanto tiempo!

En ese instante se levantaron, se abrazaron y soltaron una sonora carcajada.

Víctor y David habían sido amigos íntimos en la infancia, desde los dos hasta los diez años. Eran vecinos en el modesto barrio donde vivieron sus primeros años.

-¡Te he reconocido por esos inconfundibles ojos azules!- Le explicó Víctor.

-Y yo a ti por esa mirada tan limpia y sincera que tenías hace…, hace… cincuenta y cuatro años! No ha cambiado nada- le respondió David.

Recordaron y compartieron entonces anécdotas de la infancia y recuperaron lugares y personajes que creían olvidados. Finalmente, Víctor, que distinguía en la expresión de su amigo una sombra de tristeza le dijo:

-Viejo amigo cuéntame cómo te ha ido en esta vida…

David se encogió de hombros y suspiró.

-Mi vida ha sido un conjunto de despropósitos.

-¿Por qué?

-Recordarás que mi familia dejó el barrio en el que éramos vecinos cuando yo tenía diez años, que desaparecimos un día y nunca más se supo de nosotros. Resulta que mi padre heredó una inmensa fortuna de un tío lejano que no tenía descendencia. Nos fuimos sin decir nada a nadie. Mis padres no quisieron que se supiera que la suerte nos había favorecido. Cambiamos de hogar, de coche, de vecinos, de amigos. En ese momento tú y yo perdimos el contacto..

-¡Así que fue por eso!!- exclamó Víctor- siempre nos preguntamos que os  había pasado…¿Tanta fortuna recibisteis?

– Sí. Además, una parte importante de lo recibido en herencia fue una gran empresa textil en pleno funcionamiento y con abundantes beneficios. Mi padre la hizo incluso crecer más. Cuando murió, yo me ocupé de ella. Pero tuve muy mala suerte. Todo fue en mi contra- explicó Davíd.

-¿Qué paso?

-Durante mucho tiempo no cambié nada, pues las cosas iban más o menos bien. Pero de pronto empezaron a aparecer competidores por todas partes y las ventas bajaron. Nuestro producto era el mejor, así que yo tenía la esperanza de que los clientes se dieran cuenta de que nuestros competidores no ofrecían la misma calidad. Pero los clientes no entienden de telas. Si de verdad hubieran sabido se habrían dado cuenta. Así que se lanzaron a por los productos de las nuevas marcas que iban saliendo al mercado.

David tomó aliento. Recordar todo aquello no era agradable. Víctor permanecía en silencio, sin saber qué decir.

-Perdí mucho dinero, pero la empresa estaba aún saneada. Intenté reducir los costes tanto como pude, pero cuanto más lo hacía, más bajaban las ventas. Estuve a punto de crear una marca propia, pero no me atreví. El mercado pedía marcas extranjeras. Eso me puso en el límite. Como último recurso pensé en abrir una cadena de tiendas propias. Tardé en decidirme y, cuando lo hice, no pude hacer frente al coste de los locales, pues las ventas no lo cubrían. Empecé a fallar en mis pagos. Así que tuve que responder con los activos: la fábrica, mis tierras, mi casa, todas mis propiedades… lo tuve todo en mis manos, tuve todo lo que quise y lo perdí. La suerte nunca me acompañó.

-¿Qué hiciste entonces?- preguntó Víctor.

-Nada. No sabía qué podía hacer. Todas las personas que antes me habían alabado ahora me daban la espalda. Anduve entre un empleo y otro, pero no me adapté o no supieron entenderme…Llegó incluso un momento en que pasé hambre… He sobrevivido durante más de 15 años como he podido, ganándome la vida con las propinas que obtengo haciendo recados e incluso recibiendo ayuda de buena gente que me conoce, en el barrio en el que ahora vivo. La mala suerte siempre ha estado conmigo.

David no tenía ganas de seguir hablando, así que le preguntó a su amigo de la infancia:

Y a ti, ¿cómo te ha ido en la vida? ¿Has tenido suerte?

Víctor esbozó una sonrisa.

-Como recordarás, mis padres eran pobres, más pobres que los tuyos cuando vivíais en el barrio. Mis orígenes son más humildes, lo sabes bien, son precarios. Muchas noches no teníamos qué comer. A veces, incluso, tu madre nos traía algo porque sabía que en casa las cosas iban mal. Como también sabes, no pude ir al colegio, así que estudié en la universidad de la vida. Empecé a trabajar con diez años, precisamente poco tiempo después de que tu familia y tú desaparecierais misteriosamente.

Empecé lavando coches. Después trabajé en un hotel, de botones. Más tarde subí de categoría y trabajé como portero de varios hoteles de cinco estrellas…Hasta que a los veintidós años me di cuenta de que yo podía tener suerte, si me lo proponía.

-¿cómo lo hiciste?- le preguntó David, con un tono mezcla de curiosidad y escepticismo.

-Adquirí un pequeño taller que estaba a punto de cerrar. Lo compré con un crédito y con todos los ahorros que disponía. Era un taller que fabricaba bolsos de piel. Yo había visto todo tipo de bolsos en restaurantes y en los lujosos hoteles en los que trabajé. Así que sabía lo que les gustaba a las personas con dinero. No tenía más que fabricar lo que tantas veces había visto llevar cuando trabajaba como mozo.

Al principio, yo mismo me ocupaba tanto de fabricar como de salir a vender. Trabajé por las noches y los fines de semana. El primer año fue muy bien, pero reinvertí todo lo que gané en comprar más género y en viajar por todo el país, para averiguar qué se fabricaba en otras partes. Necesitaba saber más que nadie sobre bolsos de piel. Aprendí mucho visitando tiendas. Preguntaba a todo el que veía con un bolso qué le gustaba y qué le disgustaba del suyo…

Víctor recordaba con pasión aquellos primeros años. Continuó:

-Las ventas fueron creciendo. Durante diez años reinvertí todo lo que gané. Busqué oportunidades allí donde pensé que podía haberlas. Modifiqué cada año los modelos de mis bolsos que más se vendían, nunca fueron iguales. Nunca dejé un problema del taller para el día siguiente. Intenté ser la causa de todo lo que acontecía a mi alrededor. Fui adquiriendo un taller tras otro, luego llegaron las fábricas. Finalmente, conseguí crear un próspero negocio. La verdad es que no fue sencillo, pero el resultado superó lo que imaginaba cuando empecé.

David le interrumpió en ese punto y matizó la última apreciación:

-¿No será en realidad que tuviste mucha suerte?

….

 Y tú ¿qué opinas?

¿Ves la diferencia entre Suerte y Buena Suerte?

 

(Fragmento del libro “La Buena Suerte. Claves de la Prosperidad” de Álex Rovira Celma y Fernando Trías de Bes. Empresa Activa.)

¿Estamos dejando sin infancia a nuestros hijos?

FTPensaba escribir el artículo sobre otro tema, pero ha caído esta carta de Úrsula Perona en mis manos y puesto que soy madre de dos niñas de 3 y 5 años, me apetecía compartirla con todos vosotros.

Con esta carta esta psicóloga clínica infanto-juvenil en constante formación para ofrecer las técnicas de evaluación e intervención más novedosas en el tratamiento de los diferentes problemas de los niños y adolescentes, trata de dar voz a lo que le transmiten sus pequeños pacientes, “los niños”.

Carta de un niño-adulto

Tengo 7 años pero no tengo infancia. Soy un niño-adulto. Voy siempre corriendo a todos lados, desde que me levanto hasta que me acuesto. Se ve que no hago las cosas bastante deprisa, porque los adultos siempre me están diciendo “date prisa! date prisa!”… Pero me pongo a vestirme y los dedos no responden, me cuesta horrores abrocharme los zapatos (¿quién inventó los cordones?) y además, la verdad, me despisto con cualquier cosa. Mi hermana me mira y me hace una carocha y me entra risa. Le hago cosquillas y aun nos entra más risa. Y es que tengo como un botón que cuando lo toco, ya no puedo parar de jugar. Será porque soy pequeño, porque yo veo que a los mayores no les pasa. Pero luego entran mis padres a regañarnos y a meternos prisa y entonces me doy cuenta de que no debo jugar tanto.

El cole es un rollo. Lo siento, pero muero de aburrimiento. Los profes allá a lo lejos en la pizarra, empiezan a hablar de cosas que no me interesan. No sé lo que son los concejales, y la verdad, tampoco me importa. Me hablan del ayuntamiento y de la concejalía de limpieza… pffff….

Me entra sueño. Y ganas de soñar… me quedo embobado y … mi amiga me pasa una notita. Esto ya me gusta más! Ya han apretado otra vez el botón de jugar!! Nos miramos y nos reímos y empezamos a pasarnos notitas y dibujos…¡me llega un corazón! Será que le gusto? Pero la profe nos pilla…y se acabó la fiesta.

Me duele todo de estar tanto rato sentado. Es que no os lo he dicho, pero no me puedo estar quieto. Los mayores me lo dicen todo el rato: “¡para ya!” “¡estate quieto!” pero es que no puedo…. Se ve que tengo como cosquillas internas, o algo así, porque algo me empuja a querer moverme todo el tiempo. Me apetece salir corriendo en el centro comercial, me apetece levantarme en mitad de la clase, me apetece trepar por los muebles del salón… ¡no sé qué me pasa! Debo estar enfermo.

Por la tarde salgo del cole y voy a las extraescolares. Eso es un rollo que se ha inventado alguien para que no pueda ir al parque a jugar. Que es lo único que quiero. Poder apretar el botón de jugar. Y correr, saltar, subir a los columpios, jugar al balón, hacer cabañas, jugar a comiditas con la tierra, cambiarme cromos con mis amigos y averiguar si ese corazón que me dibujó María es porque le gusto.

Pero no puedo hacer nada de eso. Tengo que ir a inglés. Que es un idioma que se inventó un listo para fastidiarme las tardes. Porque a mí no me gusta el inglés. Ni lo entiendo ni me sirve de nada porque no tengo amigos ingleses. Pero bueno. Los adultos dicen que es por mi bien.

Y cuando salgo de inglés, reventado como una mula, con los botones de la risa tonta, de muévete sin parar y el de jugar a punto de estallar…

Entonces me tengo que ir a casa a hacer los deberes. Si, en serio. Tengo un montón de deberes. El mismo listo que inventó el inglés debió inventar los deberes. Todo lo que explicó la seño en clase sobre el ayuntamiento, ahora me lo preguntan otra vez. Y mate, y lengua, y conocimiento del medio. Que digo yo, que en vez de mirar en un libro como es el “medio” en el que vivo, podría salir a la calle y al campo a conocerlo un poco. Pero como soy un niño, mejor no digo nada.

Mis padres por la tarde están ya un poquito nerviosos. Ya no tienen ganas de tonterías, como ellos dicen, porque es muy tarde y tenemos que acabar los deberes y ducharnos (¡pero si me duché ayer! ¡esto es el infierno!), cenar y a la cama.

Yo estoy cansado. Y malhumorado porque no tengo ganas de hacer deberes. Me empiezan a entrar ganas de fastidiar a mi hermana, de liarla parda, como dice mi madre. Me pongo burro porque ya no quiero hacer los deberes. Tampoco quiero bañarme. Quiero descansar un poco. Quiero jugar. Quiero soñar. Imaginarme mundos. Hacer volteretas en la cama. Dibujar algo bonito para María. Quiero ser un niño.

Mis padres me han dicho que como me porto fatal, mejor me van a llevar a un psicólogo.

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Me ha venido a la mente una colección de cuentos que editó UNICEF, me encantaban cuando era pequeña, cada cuento trataba de un derecho de los niños, no recuerdo si también recogían el derecho a SER NIÑO con todo lo que ello implica… tendré que rescatarla de casa de mi padre y volver a releerla, seguro que me trae muchos recuerdos de mi niñez…

La infancia es la fase más importante de desarrollo en la vida de una persona, en la que va a desarrollar todos los apectos, físico, cognitivo, social y afectivo, por lo que va a influir de manera significativa en el desarrollo de su personalidad.

Es una etapa bien corta e IRRECUPERABLE que todo niño debería disfrutar, puesto que nunca más volveremos a ser niños y tenemos toooda una vida para ser Adulto.

¿Eres una persona emocionalmente inteligente?

Mejorar la inteligencia emocional es algo que requiere trabajo, pero se puede conseguir y es completamente necesario si se quiere progresar a nivel personal y mejorar las relaciones con los demás.

blog1Diversos estudios han trazado la correlación entre ciertas habilidades emocionales y el desempeño futuro de una persona:

En los años 1960, el psicólogo Walter Mischel, de la Universidad de Columbia (USA), delante de un grupo de niños de cuatro años de edad colocó una golosina que podían comer, pero les explicó que si esperaban quince minutos para hacerlo, entonces conseguirían dos golosinas. Catorce años después, se demostró que aquellos pequeños que habían tenido el autocontrol para frenar la tentación en busca de un mayor beneficio eran más competentes socialmente, con mayores éxitos académicos y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida. Continuar leyendo